Cuando
hayas vuelto a Egipto, ocúpate de hacer delante de Faraón todas las maravillas
que
he puesto en tus manos; pero yo endureceré su corazón, de modo que no dejará ir
al pueblo.
Éxodo
40:21
Así
como a Moisés, Dios nos llama a ocuparnos en andar en las buenas obras que Dios
ya puso en nuestras manos.
Porque somos hechura Suya,
creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras,
las
cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas.
Efesios
2:10
Dios
nos equipa para dar a conocer Sus maravillas e ir delante de Faraón, es decir,
delante de aquellos que no creen en Su nombre. Esto no es posible mediante
nuestras fuerzas, sino al reconocer el nombre que por gracia podemos
pronunciar, YWHW. El Yo Soy. Jesús.
Moisés
pasó por diferentes emociones: miedo, enojo, tristeza, pues Dios le ordenó
decir al pueblo de Israel, que serían libertados de la opresión de los egipcios.
Pero esta tarea no fue fácil, sin embargo fue el mismo Dios quien hizo las
obras, Moisés, aún en sus limitaciones, solo proclamó el poder del Señor.
A
la dificultad de esta tarea para Moisés, Faraón, quien era figura de dios en
Egipto, tenía un corazón que se endurecía cada vez más al ver cómo sus deidades
eran rebasados y aplastados por el Dios de los hebreos. Su orgullo y su
soberbia, le impedían ver al único y verdadero Dios.
“…
y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová”
Pero,
¿sabes? En esta historia, Dios no solo estaba trabajando para mostrar Su soberanía
a los egipcios, sino a Su propio pueblo. Los hebreos habían escuchado las
historias de ser el pueblo escogido por el Dios vivo, pero su mente estaba tan
esclavizada como su cuerpo lo era al llevar trabajos pesados que Faraón les
imponía. Dios estaba tratando con ellos. Lo hizo a través de Moisés, un hombre
imperfecto como nosotros, pero que obedeció a la órden: “Ocúpate
de hacer delante de Faraón todas las maravillas que he puesto en tus manos”.
Israel
fue llamado el hijo primogénito, extendiendo la gracia a todos los pueblos que
vendrían a Él. Y es a través de Cristo, el único y perfecto libertador, que
podemos ser redimidos de la esclavitud del pecado.
Ahora,
siendo nosotros parte de Su pueblo, somos llamados a anunciar las virtudes del
que nos llamó de las tinieblas a Su Luz admirable (1 Pedro 2:9). Y es el
Espíritu Santo quien nos da poder para ser testigos del Evangelio (Hechos 1:8).
No es por nuestras fuerzas, no se trata de lo que sabemos hacer, se trata de
ocuparnos en lo que ya Dios nos ha dado de antemano ¡Tenemos a Su Espíritu!
Por
Su gracia, Dios nos quiere usar. Como Su pueblo, sabemos lo que Dios ha hecho
en nuestras vidas. Lo hemos experimentado y debemos contarles a todos a nuestro
alrededor de las maravillas que ha hecho en nosotros; de Su salvación, de Su
perdón, de que se acercó a nosotros a través de Cristo; y que es el único Dios
que tiene poder para sacarnos de la esclavitud de nuestra vida errada; que
murió y resucitó venciendo a la muerte; y es importante divulgar que Él pronto volverá.
Hoy
Dios nos llama, como lo hizo con Moisés. Recordemos entre Su Pueblo y
compartamos las maravillas que Él ha hecho en nuestras vidas. Vayamos con los
que necesitan conocerle y mostremos Su poder para salvar y que no hay dios
alguno que se compare a nuestro Dios. El Yo Soy.










