Escuchas la palabra obediencia,
probablemente te encuentres en una de estas dos posturas; o eres alguien a
quien le encantan las reglas y seguir las instrucciones que te dan, o eres
alguien que quiere hacer solo lo que le gusta o desea en el momento y piensa
que las reglas están para romperse.
Independientemente de la postura
a la que te inclines, Dios nos ha llamado a una vida de obediencia hacia Él. La
obediencia divina es diferente de la que experimentamos aquí en la tierra. La
terrenal se basa en obtener algo a cambio, ya sea amor, elogios o un sueldo. La
obediencia divina proviene de un profundo amor y devoción hacia Cristo.
Cuando comprendemos que nuestra
libertad le costó la vida a Jesús, nos aseguramos de llevar una vida de
gratitud. Entendemos que nuestra vieja forma de vivir ya no vale la pena.
Entonces queremos seguir la voluntad y el camino de Dios. Después de todo, Él
nos ama y nos da Su Espíritu para ayudarnos a ser cada día más como Él.
A lo largo de las Escrituras,
Dios llama a Su pueblo a obedecer Sus mandamientos desde un corazón que
verdaderamente descansa y confía en Él. Aquellos que lo hacen, ven las
bendiciones y la paz que ello conlleva. Aquellos que no lo hacen, aprenden que,
vivir según sus propios términos conduce al dolor y las dificultades. Aunque no
siempre obedecemos, Dios es misericordioso y nos perdona cuando acudimos a Él
arrepentidos.
Los mandamientos de Dios no están
destinados a ser una carga, sino a profundizar nuestra confianza y dependencia
en Él.
DIOS SIMPLEMENTE QUIERE TU
CORAZÓN.
En este estudio, analizaremos lo
que significa obedecer a Dios y creer en Su Palabra. Mientras nos adentramos en
las Escrituras, desde el Génesis hasta Apocalipsis donde observamos ejemplos y
mandamientos sobre la obediencia; que tu corazón se sienta animado al
comprender que una vida de obediencia a Dios es un privilegio y una alegría.





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