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 “Que la palabra de Cristo habite en abundancia en ustedes, con toda sabiduría

enseñándose y amonestándose unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales,

cantando a Dios con acción de gracias en sus corazones.”

Colosenses 3:16 NBLA

 

Constantemente nos aconsejan que para tener una vida saludable debemos tener buenos hábitos y evitar aquellos que son malos. Por ejemplo, nos dicen que un buen hábito alimenticio es no comer alimentos procesados porque afectan la digestión, existiendo riesgo de padecer enfermedades. Los hábitos que adquirimos en nuestra vida parten de la manera en que habitamos nuestro espacio personal y de cómo nos relacionamos con otros.

 

Habitar nuestro espacio personal no solo se trata de vivir en una ciudad o en nuestra casa, tiene que ver con un sentido de pertenencia y arraigo físico, emocional y espiritual a todo lo que somos, hacemos y nos rodea. Es lo que nos permite tener una identidad o, en otras palabras, testimonio de nuestros hábitos, ya sean buenos o malos.

 

La Biblia dice que Jesús se hizo carne para habitar entre nosotros y Su gloria fue vista (Juan 1:14). La gente buscó a Jesús porque vieron que Su manera de vivir y Sus hábitos eran transformadores. Seguramente había gente con hábitos que afectaban su vida y la de quienes los rodeaban, personas muy enojadas por sufrir injusticias que ofendían, o los que hacían negocios con mentira y malicia para sacar ventaja, o los inconformes que insultan por todo. Nada diferente a los hábitos que tenemos todos hoy.

 

“Pero ahora desechen también todo esto: ira, enojo, malicia, insultos,

lenguaje ofensivo de su boca. Dejen de mentirse los unos a los otros,

puesto que han desechado al viejo hombre con sus malos hábitos.”

Colosenses 3:8-9 NBLA

 

Contrario a los malos hábitos, Jesús dice que está con nosotros y nos enseña a revestirnos de amor, que es el vínculo que nos hará vivir con plenitud; aún con dificultades, pero buscando paz, viendo a otros en sufrimiento, pero apoyando con tierna compasión; siendo humildes y pacientes en la vida diaria y con los demás. Podremos ser ejemplo a otros y, en unidad, ayudarnos a corregir los malos hábitos, alabando a Dios y agradeciendo por todo.

 

“Entonces, ustedes como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de tierna compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia”

“Sobre todas estas cosas, vístanse de amor, que es el vínculo de la unidad.”

Colosenses 3:12, 14 NBLA

 

Jesús habita entre nosotros para darnos refugio y seguridad, comprensión y escucha, paciencia y amor, entre muchas más bendiciones que no terminaríamos de enlistar; pero, sobre todo, perdona pecados y transforma nuestros malos hábitos en aquellos que dan salvación a nuestras vidas. Solo necesitamos que Su Palabra habite en nosotros, sea arraigada y sea parte de las actividades diarias que nos relacionan con otros y pongamos nuestra voluntad para desechar aquello que esté mal.

 

Reflexionemos sobre lo anterior, ¿qué malos hábitos afectan nuestra vida y ofenden a Dios? ¿Estamos dispuestos a dejarlos y revestirnos de amor? Invitemos al Espíritu de Dios a que nos muestre y nos guíe a la verdad. Solos no podemos, pero más poderoso es el que habita con nosotros y nos ayuda en nuestras debilidades. Somos hechura Suya, por lo tanto, así como Él habita entre nosotros mostrando Su amor, busquemos ser transformados.

 

“Porque somos hechura Suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras,

las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas.”

Efesios 2:10 NBLA





 “Así pues, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. Poned la mira en las cosas del cielo, no en las de la tierra.” Colosenses 3:1-2

 

Cualquier persona al querer jugar algo que desconoce, pregunta las reglas, esto es lo más normal y lo más sensato también. Se hace para aprender, ser parte de la diversión, tener identidad de jugador, y por supuesto, también para ganar.

 

La gente dice: “Las reglas se hicieron para romperse”. Siendo honestos, así seamos seguidores de Cristo o no, este dicho es una mera excusa, con consecuencias graves que vemos en egoísmo que lleva a muertes, en codicia que lleva a asaltos, en vidas erradas que llevan a conseguir lo que “quiero” así pisotee a quien sea… al cabo, “las reglas se hicieron para romperse”.

 

En los seguidores de Cristo, este dicho no debe tener cabida. Pues al entender que Cristo pagó con Su propia vida por nuestras culpas, no habría más que rendirnos a Él. Esto no desde la perspectiva de que solo así puedo ganar, como en un simple juego. Pues fue en esa cruz que la guerra se ganó, la muerte no tiene más poder, satanás vencido está.

 

Pero sí, como en un juego, el saber las reglas te hace buen o mal jugador y hace una gran diferencia entre ser un amateur o un futbolista del mundial; de alguien que juega solo en su patio, a alguien que levanta el trofeo.

 

No ganamos más gracia si hacemos más cosas. Mas bien, es por esa gracia que hemos recibido, que respondemos con una identidad de hijos. Una identidad comprada a precio de sangre que nos hace no anhelar ni conformarnos a solo seguir las reglas, o vivir moralmente bien, sino que todo lo que somos tiene un propósito en lo que hacemos, al poner nuestra mirada en las cosas del cielo y no en las de la tierra. Esto, en una gratitud profunda que cambia nuestras vidas.

 

El ser cristiano se vuelve más allá de cosas por cumplir, dejar de hacer o de agregar a nuestra rutina. Es la fe encarnada, esa fe que nace de Cristo, quien no escatimó dejarlo todo,  haciéndose  hombre, despojándose de Su gloria y morir como un vil y simple pecador (Filipenses 2:7-11) . El ser seguidores de Cristo nos da la identidad que en resultado pone en cada hijo el querer como el hacer Su voluntad (Filipenses 2:13), pues todo lo perfecto viene de Dios (Santiago 1:17).

 

El ser seguidor de Cristo debe hacernos recordar continuamente que no podemos ganar más gracia de la que ya hemos recibido y seguimos recibiendo cada día al no ser consumidos. El ser seguidores de Cristo, es recordar que no podemos ganar más el amor de Cristo, pues de pensar así: ¿acaso hemos entendido el amor del Padre al enviar a Su Hijo y morir en la cruz?

 

No hay más que adorar: adorar en rendición continua con nuestra vida, en cada hábito y pensamiento y, que esta misma gracia que ha recibido todo seguidor de Cristo e hijo,  debe compartirla con toda criatura, para no impedir, añadiendo reglas a la gracia ya recibida. Gracia que por gracia ha llegado a nuestras vidas.

 

Nosotros como hijos de Dios le seguimos y por eso anhelamos obedecer,

pues Su gracia es suficiente.





 Es muy interesante leer Colosenses. Una carta dirigida a una iglesia que había creído en Jesús como Señor y Salvador, que mostraba confianza y dependencia de Él, tanto así que Pablo alababa a Dios por eso, sin embargo, era una iglesia que estaba enfrentando presiones culturales que la tentaban a darle la espalda a Jesús, estaba siendo bombardeada con filosofías que ponían en riesgo su devoción al Señor.

 

Hoy nuestra situación es muy parecida a la de ellos ¿No te parece? Pensemos en la clase de herejías, razonamientos, filosofías y teorías que hoy inundan las redes sociales y nuestras conversaciones diarias. Temas que van desde el popular “descubre el poder que hay en ti”; hasta búsquedas de "códigos espirituales" o fórmulas secretas de prosperidad. Temas que al final, no son más que formas modernas de gnosticismo, ideas centradas en el "yo".

 

Muchas son las filosofías acerca del significado de la vida, del mundo o de Dios. Enseñanzas que solo son inventos de un sistema caído y dominado por satanás, que lo único que intenta es manipularnos, crear confusión y alejarnos de la verdad que hay en Cristo. ¡Nuestro corazón se deja llevar muy fácil por esas ideas que pueden parecer atractivas! Por eso debemos estar atentos a las sutilezas con las que se presentan estas falsas enseñanzas.

 

“Esto lo digo para que nadie los engañe con razonamientos persuasivos.

Miren que nadie los haga cautivos por medio de su filosofía y vanas sutilezas,

según la tradición de los hombres, conforme a los principios elementales del mundo y no según Cristo.”

Colosenses 2:4, 8 (NBLA)

 

La palabra de Dios es nuestro gran libro de revelación, allí Dios nos da respuesta certera a todas las áreas de nuestra vida y lo mejor de todo, como Pablo lo dice, Dios mismo actúa poderosamente en nosotros (Colosenses 1:29). Tener a Cristo morando en nuestro corazón lo es todo, no necesitamos nada más.

 

Lo mejor de todo es que recibimos a Cristo por pura gracia y por fe, sin méritos ni estatus. El mismo Creador del universo decidió hacer de nuestro corazón Su templo. Su presencia no es una emoción del domingo. Saber que está en nosotros nos da la tranquilidad de que el futuro ya está en Sus manos. Él en nosotros es la firmeza y la paz que nos sostiene en todo momento.

 

Por eso Pablo con tanta seguridad nos insta a seguir a Cristo, a arraigarnos profundamente en Él y edificar toda nuestra vida sobre Él (Colosenses 2:7). La tierra donde nuestro corazón debe echar raíces es en la Palabra de Dios y no en las filosofías huecas. Ella nos otorga soporte y firmeza en nuestra fe y nos da lo necesario para la vida en medio de este mundo caído.

 

Así que, nuestra vida con Dios no se sostiene a punta de fuerza de voluntad ni de cumplir una lista de reglas como muchos quieren hacernos creer. Se mantiene por la fe en Cristo y en dependencia continua de Él.

Me acuerdo del día en que me bauticé. Al día siguiente me tocó dar unas palabras en la congregación y recuerdo que dije: “confirmo mi compromiso de morir al mundo y vivir para Cristo”. Y de eso se trata, de expresar públicamente que en Jesús hemos sido sepultados para el mundo, que nuestra vida pasada ya no nos define y que ya este sistema no nos gobierna porque Cristo vive en nosotros, dándonos las fuerzas y el deseo de hacer lo correcto.

Hoy, como en los días de la iglesia de Colosas, el pensamiento gnóstico aparece cada vez que intentamos buscar fuera de Cristo lo que solo encontramos en Él. Como bien dice el comentario de la Biblia del Diario Vivir:

“...Esto parece locura para el mundo, pero Cristo es nuestro poder, el único camino para ser salvo. Conocer a Cristo personalmente es la sabiduría más grande que uno puede tener.”

 

No hay nada que este mundo nos pueda ofrecer que no encontremos en Jesús. ¡En Él lo tenemos todo, no nos dejemos engañar!




 

“El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo,

en quien tenemos redención por su sangremos el perdón de pecados.”

Colosenses 1:13-14 RVR 1960

 

Para poder comprender y dignificar la inmensidad el regalo que es poder conocer a Jesús y ser salvos a través de Él, es necesario que recordemos de qué nos salvó y por qué fue enviado a la tierra.

 

Cuando leemos la Biblia, podemos ver que desde la creación del mundo, en el momento en el que Adán y Eva pecaron por primera vez, hubo consecuencias; dentro de ellas está escrito en la Palabra que el pecado trae una sentencia de muerte y nos aleja de la presencia de Dios, sin embargo, desde el momento en el que el pecado aparece en Génesis 3, Dios juntamente declara la solución a los problemas y la condena del mismo, diciendo que la simiente de la mujer herirá en la cabeza a la serpiente (Génesis 3:15). De modo que revela que tenía establecido ya el plan de salvación a través de la descendencia de Sus primeros hijos.

 

“Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna

en Cristo Jesús Señor nuestro”

Romanos 6:23 (RVR1960)

 

Antes de la venida de Cristo al mundo, en el Antiguo Testamento se había establecido que ante el pecado se hacían sacrificios animales, esto como muestra del arrepentimiento de este y como acto de adoración a Dios. Los sacrificios en holocausto se llevaron a cabo hasta que Jesús vino a la tierra y vivió de forma perfecta, de modo que Él fuera el sacrificio e hiciera el derramamiento de sangre necesario para salvarnos a nosotros de la condena de muerte. 

 

“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es Cristo Jesús”

Romanos 3:23-24 (RVR1960)

 

Al morir terrenalmente, cada ser humano pasa por un juicio en el que somos culpables a causa del pecado, ya que este nos hace incapaces de ser Santos y de cumplir con la ley de Dios, por lo que esto nos destina a una eternidad de muerte y, justamente de esta sentencia nos salvó Jesús.

 

Jesús gratuitamente se dio a cambio de cada uno de nosotros, porque Él cumplió toda la ley y vivió una vida Santa y sin mancha. Él era el único digno de habitar en la eternidad con Dios y Su sacrificio nos abrió paso y dio la solución.

 

Se entregó como cordero en nombre de todos los pecadores y nos redimió,

de modo que cuando Él resucitó todos resucitamos juntamente con Él.

 

Su sacrificio fue la solución que Dios preparó por amor, para que hoy en Su nombre podamos ser llamadas JUSTIFICADAS, REDIMIDAS, SALVAS.



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Ama a Dios Grandemente Jóvenes (ADG Jóvenes) somos una comunidad cristiana de chicas auténticas que utilizamos las redes sociales o nos reunimos en grupos presenciales con el objetivo de animarnos unas a otras en nuestro tiempo devocional, de esta manera rendimos cuentas a otras amigas sobre nuestro caminar con el Señor.

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