“Ahora pues,
si en verdad escuchan Mi voz y guardan Mi pacto,
serán Mi
especial tesoro entre todos los pueblos, porque Mía es toda la tierra.
Ustedes serán
para Mí un reino de sacerdotes y una nación santa”.
Éxodo 19:5-6ª
NBLA
Escuchar y guardar,
palabras que aparecen constantemente en el libro de Éxodo y también, en muchas
otras partes de la Biblia, pero ¿qué es lo que tenemos que escuchar y guardar? La
Biblia dice que Sus mandamientos, ordenanzas, leyes, estatutos y decretos; para
tener una vida de santidad delante de Dios y dar testimonio a los que nos
rodean. Alguien que estaba muy atento en escuchar la voz de Dios y guardar Sus
mandamientos fue Moisés.
Moisés escuchaba y
transmitía al pueblo lo que Dios quería decirles. Siempre dispuesto a enseñar la
ley de Dios para que cada persona llevara una vida recta y en santidad. Moisés
les juzgaba todo el día, desde la mañana hasta el atardecer (Éxodo 18:13). ¡Qué
gran labor! Llevar la carga de todos, enseñarles a vivir en comunidad,
respetando la ley y los mandamientos. Era necesario que también Moisés se
detuviera y escuchara consejo.
“Ahora,
escúchame. Yo te aconsejaré, y Dios estará contigo.
Sé tú el
representante del pueblo delante de Dios, y somete los asuntos a Dios.
Entonces
enséñales los estatutos y las leyes, y hazles saber el camino en que deben
andar
y la obra que
han de realizar”.
Éxodo
18:19-20 NBLA
El suegro de Moisés,
Jetro, observó esta situación y pidió a Moisés que lo escuchara para que Dios
estuviera con él en todo. Moisés estaba haciendo todo este trabajo solo, seguramente
estuvo muy cansado físicamente y su alma desgastada al punto de desfallecer. Así
como también el pueblo, ya cansado de esperar su oportunidad de recibir consejo
que le resolviera su problema o supliera su necesidad (Éxodo 18:18). ¡Una labor
sin fin!
Jetro aconsejó a Moisés compartir
la carga del trabajo con hombres que le ayudaran a juzgar los casos pequeños. ¡Claro!
no cualquier hombre, no aquellos que confían en su habilidad al hablar o
convencer; sino en aquellos hombres temerosos de Dios, capaces y honestos
(Éxodo 18:21-22), enseñados en el camino de Dios. Los que escuchan y guardan el
pacto de Dios. Jetro aconsejó, Moisés escuchó y Dios estuvo con ellos.
Tomando la experiencia de
Moisés, podemos observar que escuchar y guardar los mandamientos de Dios nos guía
a vivir una vida apegada a Su Palabra, tal como una regla que rige nuestras
vidas, la cual nos permite tomar decisiones respaldadas por Dios en las que
vemos Su favor para con nosotros y los demás. Así como Dios estuvo con Moisés y
con aquellos jueces temerosos de Dios.
Escuchar y guardar, no
solo se trata de oír o percibir un sonido, se trata de poner atención,
discernir y obedecer atentamente a la voz de Dios, cumplir Su pacto para que Él
esté con nosotros todos los días de nuestra vida. Es vivir en obediencia para tener
una relación con Él y ser el reflejo de Su gloria hacia los demás. Es ser ese
especial tesoro, apartado y amado. Es ser parte de un pueblo santo que le
sirve.
“Sino que así
como Aquel que los llamó es Santo,
así también
sean ustedes santos en toda su manera de vivir.
Porque
escrito está: «SEAN SANTOS, PORQUE YO SOY SANTO»”.
1 Pedro
1:15-16 NBLA







