ADG Jóvenes
ADG Jóvenes
  • Inicio
  • Estudios Pasados
  • Intégrate
  • Conócenos

Descargar

Método de Estudio

Página Web

 


Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo,

haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

Filipenses 2:8

 

¿No les parece increíble que el Dios que creó el universo, que sustenta todas las cosas, que es Todopoderoso y Eterno, vino a este mundo convertido en hombre? Dios visitó la tierra en la forma humana de Jesús, nos permitió ver Su gloria y nos salvó de la muerte que era la condena que el pecado había puesto sobre nosotros. Saberlo podría (y debería) llenar nuestros corazones de tanto asombro y amor como de gratitud.

 

En esa forma humana, fue gestado a través del Espíritu Santo en el vientre de una preciosa mujer, nació en condiciones sumamente humildes; fue criado, alimentado y cuidado como todo niño, tuvo un desarrollo en el que aprendió a hablar, a caminar, a crear… si bien es cierto, este no es un mensaje de Navidad, pero nos lleva a recordarla, pensando en aquel glorioso momento en el que el Salvador del mundo llegó para cubrir la necesidad de redención de la humanidad.

 

Muchas veces pienso que no alcanzamos a dimensionar lo que este suceso maravilloso significa, considerar que Jesús dejó a un lado Su condición, Su privilegio, Su gloria, para tomar nuestra forma,  es algo que sobrepasa nuestra capacidad de entender la inmensidad de Su amor.

 

Qué actitud preciosa la de nuestro Salvador, qué disposición al no aferrarse a Su divinidad para tomar nuestra humanidad, para vivir una vida sencilla durante 33 años en esta tierra, sometiéndose a la voluntad del Padre que tomó Su vida para entregarla y darnos con ella vida a nosotros; para ser herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados, para llevar sobre Sí el castigo de nuestra paz y para sanarnos por Su llaga, en una cruz.

 

Y es en esa acción, en esa incomprensible disposición, que tenemos el mayor ejemplo de sujeción y de obediencia. Una obediencia que le hizo nacer sabiendo que iba a morir para que, a través de Su muerte, nosotros, pecadores, menores a Él, gozáramos un regalo de gracia y una promesa de salvación que nos haría alcanzar una vida a Su lado, en eterna comunión.

 

El camino sería demasiado complicado, en el trayecto encontraría resistencia, oposición, rechazo, injusticia y tortura. Lo supo y, bajo esa condición, se daría cuenta que la obediencia no sería fácil, pero la aceptó. Recordemos Sus palabras: pero no se haga Mi voluntad, sino la Tuya, en un momento claro de incertidumbre, aflicción y temor, con la conciencia plena de que enfrentaría sufrimiento, soledad, angustia y dolor.

 

En aquel momento lleno de pesar del Getsemaní, encontramos el acto de sumisión y obediencia más grande que hoy nos hace hallar consuelo, sabiendo con certeza que podemos ir al Padre en tiempos de aflicción, en los que la duda puede inquietar nuestra razón, para derramar delante de Él nuestro corazón, con la convicción de que, si sujetamos nuestra voluntad a la Suya, alcanzaremos Su propósito y Su bendición.

 

Gracias a esa acción, que se tiñó con el más grande amor y que nos deja el mayor ejemplo de obediencia, hoy tenemos reconciliación con el Padre, regalos de perdón y libertad; paz que es perfecta, gozo que es fortaleza y una salvación que nos permite vivir una vida abundante con esperanza, con gratitud, con seguridad y con plena confianza que descansa en nuestro precioso y amado Salvador.

 

Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús…

Filipenses 2:5



 


En casi todos los hogares se repite una escena común durante la infancia: cuando queremos salir o conseguir algo y mamá nos dice que no, corremos hacia papá en busca de un sí, o viceversa. Desde pequeños aprendemos a buscar la respuesta que más nos conviene, inclinándonos a obedecer a quien se alinee con nuestros propios deseos.

 

Sin embargo, en nuestra vida espiritual, esto no es así. Nuestra obediencia a Dios no se mide por lo conveniente que parezca a nuestro corazón, sino por Su carácter y cuán apegados estamos a Su voluntad. Nuestra obediencia es para Su gloria, no para la nuestra. No es para nuestra comodidad, sino para que Su nombre sea exaltado; ni siquiera es para obtener beneficios personales (aunque El Señor los honra en su momento), sino para dar testimonio de la verdad de Dios.

 

A lo largo de las Escrituras encontramos muchas historias de hombres y mujeres que se enfrentaron a esa gran pregunta: ¿A quién obedecer? en algunos casos, como el del profeta Jonás, aprendieron a través de dolorosas caídas, que la obediencia debe estar dirigida hacia Dios. En otros casos, aun sabiendo que el costo de la lealtad a Dios era la muerte, no titubearon en obedecerle.

 

“Ciertamente nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiente.

Y de su mano, oh rey, nos librará. Pero si no lo hace, ha de saber, oh rey,

que no serviremos a sus dioses ni adoraremos la estatua de oro que ha levantado”

Daniel 3:17-18 NBLA

 

La obediencia está ligada a cuánto conocemos y confiamos en una persona. Personajes bíblicos como Rahab, Daniel, Sadrac, Mesac y Abeg-nego, conocían muy bien a los reyes terrenales que gobernaban en la sociedad en la que vivían. Sabían perfectamente qué tan crueles podían ser con aquellos que desobedecieran sus órdenes. Sin embargo, conocían a Alguien infinitamente mayor: al Soberano de Israel, al Único Dios vivo y verdadero, así que lo arriesgaron todo por amor al nombre de Dios.

 

Para obedecer de esta manera se requiere un corazón transformado por Dios. Y para tener ese corazón, necesitamos buscarle con diligencia, conocerle en la intimidad, reconocerle en todos nuestros caminos y creer a Sus palabras por encima de lo que nuestros ojos terrenales pueden ver.

 

Si hay un hombre en la Biblia que buscaba el corazón de Dios, ese era David. A lo largo de los salmos, David nos mostró su fe absoluta en Dios, su amor por Su Ley y un corazón agradecido. Se mostró vulnerable y nos dejó ver cómo fue su proceso de arrepentimiento sincero. Nos enseñó su compromiso al seguir al Señor e incluirlo en todos sus asuntos y cómo le adoraba públicamente. David no fue un hombre perfecto, pero hizo todo lo que Dios quería (Hechos 13:22); mostró obediencia porque su prioridad era El Señor.

 

Al mirar estos ejemplos, podemos preguntarnos: ¿Qué está buscando nuestro corazón? ¿A quién estamos obedeciendo: a nuestros impulsos, a las presiones o a Dios? ¿Nuestro corazón muestra el corazón de Dios?

 

La cultura y el sistema del mundo siempre levantarán estatuas (ideologías, tendencias, challenges, decretos sutiles) ante las cuales nos exigirán postrarnos. Nos invitarán constantemente a buscar el camino fácil o el "sí" que alimente nuestro ego. Pero cuando recordamos quién es el verdadero Soberano y descansamos en Su fidelidad, encontramos la valentía necesaria para mantenernos firmes en obediencia, sabiendo que Aquel que nos llama a seguirle es digno de toda nuestra confianza.


 


“Así que cuiden de hacer tal como El Señor su Dios les ha mandado;

no se desvíen a la derecha ni a la izquierda. Anden en todo el camino

que El Señor su Dios les ha mandado, a fin de que vivan y les vaya bien,

y prolonguen sus días en la tierra que van a poseer.”

Deuteronomio 5:32-33

 

¿Alguna vez te sucedió siendo una niña que uno de tus padres te pidió que no hicieras algo y lo hiciste de todas formas? A mí me pasó más veces de las que me gustaría admitir y ahora que soy más grande veo mamás que dan indicaciones sencillas a sus hijos pequeños, como un “deja de balancearte en la silla o te vas a caer” y en lugar de seguir la indicación, siguen y caen (tal como lo dijo su madre).

 

Considero que la obediencia no es la mejor cualidad que define a los seres humanos, tenemos voluntad y eso hace que muchas veces decidamos aprender con base en las experiencias y no por obediencia. Mientras crecemos aprendemos que no obedecer tiene sus consecuencias. Yo, por ejemplo, aunque tengo 25 años y “soy mayor de edad”, antes de tomar una decisión lo consulto con mis padres, porque en mi adolescencia escogí no obedecer y eso me generó muchas consecuencias. Si mi madre hoy me pide algo tan sencillo como “llevar suéter” lo hago, porque es más fácil obedecer a pasar frío.

 

Te hablo de estos ejemplos porque, como sabemos, los padres por edad, tienen más experiencia y es probable que por procesos personales hayan adquirido más conocimiento. Ellos han vivido más que nosotros y eso ya nos da una buena razón para obedecer; la segunda razón es su amor, sería poco probable que nos den una instrucción que sea para mal, porque sabemos que ellos quieren lo mejor para nosotros.

 

Lo mismo pasa con Dios, pero la diferencia es que Él no tiene “experiencia”, cuando Papá da una instrucción es porque Él conoce el camino y porque Él es quien ha diseñado un plan perfecto y de bienestar para nosotros (Jeremías 29:11). Quién mejor para guiarnos en la vida que nuestro propio Creador y, que además nos ama más que nadie.

 

Lo opuesto a la obediencia es claramente “la desobediencia”; cuando desobedecemos enviamos un mensaje de “duda” y reflejamos que confiamos más en nuestro propio entendimiento y en nuestra propia prudencia. Obedecer es difícil, sobre todo cuando no nos dan explicaciones.

 

Por esto, para obedecer a Dios necesitamos primero confiar en Él, confiar en esos planes que no vemos, pero que sabemos que son buenos y para confiar, primero debemos conocerlo más.

Sería ilógico que una persona reciba instrucciones de alguien que no conoce, sería hasta peligroso. Pero cuando conocemos a una persona podemos confiar y, cuando construimos una confianza incondicional es cuando podemos obedecer sin necesidad de entender la razón de la instrucción.

 

¿Alguna vez, al cuestionar a mamá la escuchaste decir “porque yo lo digo y punto”? Yo sí, y me gusta esa respuesta, porque refleja que la obediencia no se trata de “convencer” sino de confiar. La obediencia trata de no cuestionar instrucciones y hacerlas con la convicción de que son para nuestro bien.

 

Obedecer a Dios trae promesas, Él no siempre nos revelará el propósito por el cual nos pide hacer algo y es en esos momentos donde nuestra confianza se ve reflejada por nuestra obediencia. 




 


“Y el Señor dijo a Abram: «Vete de tu tierra, De entre tus parientes Y de la casa de tu padre,

A la tierra que Yo te mostraré.”.

Génesis 12:1 NBLA

 

Un gran ejemplo de obediencia en la Biblia fue Abraham, quien al mandato de Dios dejó su tierra, sus posesiones y trabajo, a sus parientes, el apego y su seguridad; también dejó la casa de su padre, su vínculo y costumbres. Su obediencia a Dios incluso lo llevó a atender la petición de ofrendar la vida de su hijo Isaac, el que cumpliría la promesa de tener una gran descendencia.

 

Las promesas de Dios fueron cumplidas en Abraham, porque creyó y obedeció de tal manera que su fe le fue reconocida como justicia (Génesis 15:6 NBLA), pero las promesas de Dios también se extienden a todo aquel que escucha Su voz y le obedece. En esta gran historia de obediencia hubo otra persona que, no siendo parte del pueblo elegido, también obedeció a Dios en medio de su aflicción: Agar, mujer egipcia y sierva de Sarai, la esposa de Abraham.

 

Sarai no creyó que Dios le daría un hijo a pesar de su edad. En medio de su desesperación, decidió hacer las cosas a su manera; es ahí donde Agar forma parte de esta historia, al ser entregada a Abraham para concebir un hijo. Cuando Agar se supo embarazada, su actitud cambió hacia su señora Sarai, mirándola con desprecio. Esta situación se volvió un caos, una competencia entre ambas. Agar despreciaba a Sarai por no concebir y Sarai trataba mal a Agar, aprovechando su autoridad.

 

Seguramente Agar, al ser maltratada, se sentía desesperada y angustiada. Tenía que proteger al hijo que llevaba en su vientre de alguna manera. Nadie a su alrededor la escuchó. La única salida que encontró fue huir al desierto y esperar la muerte, pero hubo alguien que vio su necesidad, el ángel del Señor, quien se le presentó en medio de su angustia y le dijo que también había promesa a través de su hijo, pero era necesario obedecer y regresar.

 

“«Vuelve a tu señora y sométete a su autoridad», le dijo el ángel del Señor.

El ángel del Señor añadió: «Multiplicaré de tal manera tu descendencia

que no se podrá contar por su multitud».”

Génesis 16:9-10 NBLA

 

Agar pudo rendirse, no creer al ángel del Señor y morir en el desierto, antes que regresar a seguir siendo objeto de los caprichos de Sarai. ¿Qué habrá pensado y sentido Agar cuando se le ordenó regresar? Posiblemente tuvo miedo, pero decidió obedecer y creer la promesa dada por el ángel del Señor. Además, fue capaz de ponerle un nombre a Dios porque reconoció que Él nos ve y se nos presenta.

 

“Agar llamó el nombre del Señor que le había hablado: «Tú eres un Dios que ve»; porque dijo: «¿Estoy todavía con vida después de ver a Dios?».”

Génesis 16:13 NBLA

 

Así como Agar, todos podemos pasar por situaciones difíciles que nos quitan el aliento, que incluso nos hacen pensar que la vida no tiene sentido, deseamos no seguir adelante y pensamos que Dios no nos ve más. La historia de Agar es ejemplo de que Dios tiene cuidado de nosotros en todo tiempo, nos ve, se acerca a nosotros y nos da promesas que se cumplen cuando obedecemos.

 

En medio de cada situación, en obediencia y seguridad, podemos decir:

“Tú eres el Dios que me ve”.





Entradas antiguas Página Principal

Acerca de

Ama a Dios Grandemente Jóvenes (ADG Jóvenes) somos una comunidad cristiana de chicas auténticas que utilizamos las redes sociales o nos reunimos en grupos presenciales con el objetivo de animarnos unas a otras en nuestro tiempo devocional, de esta manera rendimos cuentas a otras amigas sobre nuestro caminar con el Señor.

Post Populares

  • ¿Qué hacer cuándo...? - Descarga tus materiales
  • Promesa confiable
  • ¿Cuál es tu nombre?
  • Miedo
  • Alegría

Categorias

  • ¿Qué hacer cuándo...? - Respuestas a la luz de la Palabra 7
  • 1 y 2 Tesalonicenses 20
  • 1 y 2 Timoteo 13
  • Acércate 12
  • Ama a Dios Grandemente 3
  • Amar al Falto de Amor 6
  • Amistad 8
  • Amor fiel (Oseas) 8
  • Amor Total (1-2-3 Juan) 4
  • Apartadas (Viviendo una vida que glorifique a Dios) 6
  • base 3
  • Bienaventuranza 4
  • caminando en sabiduría 22
  • caminando en victoria 6
  • convicciones firmes 3
  • Creciendo en oración 8
  • Daniel - Viviendo fielmente en una tierra sin fe 7
  • David 6
  • De principio a Fin 8
  • Del quebranto a la restauración (Nehemías) 8
  • Dios con nosotros 8
  • Disfrutando tu soltería 5
  • Eclesiastés 8
  • Edurne Mencia 1
  • El Dios que Restaura 6
  • El Mesías prometido 9
  • Él nos Cuida Él nos Conoce Él nos Ve 8
  • El poder de las palabras 4
  • El Regalo más Grande 7
  • Eligiendo a Dios en Lugar de las Cosas del Mundo 8
  • Emociones 4
  • Emociones con propósito 4
  • En el Principio 8
  • En Jesús Yo Soy 5
  • En todo da Gracias 6
  • Equipadas ayer y hoy 2
  • Eres Perdonada 18
  • Esperanza Eterna 8
  • Estaré contigo - Un estudio del Éxodo 7
  • Ester - Para este tiempo has llegado 7
  • Fe más que Perfección 8
  • Featured 12
  • Fidelidad de Dios 5
  • Filipenses 13
  • Fundamento Firme 6
  • Ha resucitado 18
  • Hacia la Madurez 3
  • Hechos: Equipadas ayer y hoy 6
  • Heme Aquí 4
  • Hermosamente Rendida 8
  • Inspira confianza 6
  • Jesús Nuestro Todo-Hebreos 4
  • Jonás 12
  • Josué 6
  • La armadura de Dios 7
  • La Importancia de la Oración 7
  • La Verdad que Triunfa 18
  • Lamentaciones- Confiando en Dios 6
  • Lo que necesitas recordar 4
  • Marcos 8
  • Miedo y Ansiedad 30
  • Miqueas 2
  • Navidad 2
  • No has sido creada para estar sola 6
  • No Más Vergüenza 5
  • Nuestra Eternidad Asegurada 7
  • Nueva en la Fe 4
  • Obediencia 7
  • Orando la sabiduría de Dios en tu vida 7
  • Pacto Eterno 5
  • Permanecer en Jesús 7
  • Promesas de Dios 13
  • Pureza sexual 7
  • Quebrantada y Redimida 18
  • Regocíjate - Adviento 5
  • Relaciones Saludables 9
  • Rupturas Amorosas 6
  • Rut 10
  • Salvador - la promesa cumplida 14
  • Santiago 13
  • Sé Valiente 18
  • Seguras en Cristo - Efesios 7
  • Su Nombre es 11
  • Sublime Gracia 3
  • Transformadas 15
  • Triunfando en las pruebas - 1 y 2 Pedro 8
  • VEN SEÑOR JESÚS 8
  • vida devocional 8
  • Vulnerables ante Cristo 14
  • Yugo desigual 6
Con tecnología de Blogger

Designed by Kathya Dahil | Distributed by