"No hay otro Dios como tú. Somos pocos los que quedamos con vida. Tú perdonas nuestra maldad y olvida nuestro pecado. Tan grande es tu Amor por nosotros que tu enojo no dura para siempre. Vuelve a compadecerse de nosotros y arroja todos nuestros pecados a lo más profundo del mar”
Miqueas 7:18-19
Dios es el único Dios verdadero, Cristo Jesús nuestro Señor en quien hemos fijado nuestra mirada y en quien hemos puesto toda nuestra esperanza.
No hay ningún otro Dios como Él.
Dios nos ama y nos perdona de los pecados y las iniquidades que hemos cometido.
La esperanza es FE, es la confianza en Dios, siempre centrada en Cristo Jesús nuestro Señor, pues es a través de Su sacrificio en la cruz del calvario que obtenemos la redención de nuestros pecados. Es decir nos libra de la culpa a través de su preciosa Gracia.
Es por la redención que Cristo Jesús nos compró a través de Su sacrificio en la cruz del calvario.
Antes éramos eslavas del pecado, estábamos condenadas a la separación eterna de Dios. Sin embargo Jesús con su Amor, obediencia y misericordia pagó el precio para redimirnos y hacernos libres de la esclavitud del pecado.
Esta verdad se debe quedar como un sello sobre nuestra mente y corazón. Dios no está enojado con nosotras. Cuando caigamos en pecado Él es Fiel y Justo para perdonarnos. Si nos arrepentimos de corazón, Él nos perdona y echa nuestros pecados al fondo del mar y no se acuerda de ellos jamás.
Somos nosotras las que debemos olvidar, soltar, no volver a recordar ni cometer los mismos pecados u otros diferentes. No podemos pasar pidiendo perdón a Dios por el mismo pecado cometido hace mucho tiempo.
Aceptemos el perdón que Dios nos regala a través de su hijo Jesucristo y no volvamos a pecar más. Recuerda: Dios te llama por tu nombre. Si alguien quiere recordarte él pecado que cometiste no lo escuches, no viene de parte de Dios.
Sigue adelante viviendo de una manera a agradable a Dios. Aprende de los errores del pasado, que solo queden como experiencia, como Testimonio de dónde Dios te sacó, de dónde Dios nos ha rescatado.
Los beneficios de la redención incluyen:
- Vida eterna (Apocalipsis 5:9-10)
- Perdón de pecados (Efesios 1:17)
- Libertad (Gálatas 3:13)
- Adopción como hijas de Dios (Gálatas 4:15)
- Ser Redimida es ser perdonada, santificada, justificada, bendecida , liberada, reconciliada, por la Obra y Gracia de Jesucristo!!
Para seguir meditando te dejo 3 citas bíblicas más:
Salmo 130:7-8
Lucas 2:38
Hechos 20:28
AUTORA
Kary de Zavala
Rescatada por la Gracia de Dios, ahora esposa y madre de gemelos,
cada día busca aprender más acerca de Cristo
y el servicio en Ama a Dios Grandemente y JóvenesADG.
Se denomina así mismo como una mujer determinada
que confía y cree en el propósito de Dios para su vida y su familia.
Imagina por un momento: el cielo azul sin una sola nube, la arena cálida bajo tus pies, la brisa del mar rozando tus mejillas, el sonido de las olas golpeando contra las rocas, la sombra de una palmera sobre tu cara, el calor del sol sobre tu cuerpo… todo esto disfrutando de un rico ponche de frutas bien frío mientras contemplas el paisaje. ¿Cuántas no imaginamos así un descanso perfecto? Para mí, el ir a una playa siempre es sinónimo de descanso. ¿Pero has notado que cuando vamos de vacaciones usualmente volvemos más cansadas de lo que nos fuimos? Con más trabajo o estudio, más preocupaciones por retomar la rutina diaria y lo que dejamos para la vuelta, más agobiadas.
Entonces me surge una pregunta ¿Cuál es el verdadero descanso? Jesús nos enseña con su propia vida de qué se trata realmente descansar.
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.”
Mateo 11:28
Jesús nos pide que vayamos a Él para experimentar un descanso verdadero. Esto significa cuerpo y mente, ir a Él para despojarnos del estrés diario y pensamientos que nos agobian; y en nuestro corazón, ir a Él para despojarnos de sentimientos que nos hacen daño… ¿Por qué? Porque en Él las cargas son más fáciles de llevar...
“Lo que yo les impongo no es difícil de cumplir, ni es pesada la carga que les hago llevar.”
Mateo 11:30 (TLA)
¿Cómo puedo despojarme de las cargas? Aprendamos de Jesús
1.Obedecer (Mateo 11:29)
Obedecer al Padre siempre nos traerá descanso, porque así no haremos nada que nos conduzca a pecar y a llevar cargas que Dios no nos ha puesto.
Estas cargas son diferentes al peso por la obra, como lo es el de un un pastor por cuidar y velar por sus ovejas.
Jesús obedecía a Dios en todo, ¿o crees que Él hubiese muerto por la humanidad si no era la voluntad del Padre?
2. Entregar nuestros proyectos y preocupaciones a Dios (Salmos 55:22; 1 Pedro 5:7)
Seremos chicas astutas cuando aprendamos a poner todo en manos de Dios, a poner nuestra ansiedad, y sobre todo cuando aprendamos a escucharlo a Él.
Si hacemos las cosas bajo Su voluntad, evitaremos el fracaso pues Él no comete errores.
Si recordamos el suceso en la barca cuando se levanta la tormenta, mientras los discípulos estaban desesperados Jesús dormía plácidamente, sin preocupaciones. Su confianza estaba depositada en el Padre (Marcos 4:35-41)
3. Compartir las cargas
“Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.”
Gálatas 6:2
Vamos amiga, siempre podemos ayudar a otros a llevar las cargas, sea en nuestra familia, en nuestra congregación, en nuestro trabajo o con nuestros compañeros de estudio.
Tomemos ejemplo de Jesús. ¿Recuerdas qué pasó en las bodas de Caná? Se quedaron sin vino. ¿Y qué hizo Jesús? ¡Ayudó! (Juan 2:1-12)
4. Esperar en Dios (Hebreos 6:15)
Esto es lo que nos traerá verdadero descanso, tener paciencia y confiar en que Dios hará todo para bien.
Morir en una cruz es desgarrador, pero Jesús tenía la plena confianza que Dios haría todo bien. Al igual que Abraham, ellos recibieron su premio al esperar en Dios. (Filipenses 2: 8-11)
Así que, amada amiga; podemos encontrar el verdadero descanso en Dios, podemos hacerlo con la ayuda de Jesús, yendo a Él; como estudiamos en el versículo de hoy, y podremos confiar en su hermosa promesa: “...y yo os haré descansar”, promesa que Dios nos repite a lo largo de Su palabra.
“Y él dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso”.
Éxodo 33:14
¿Quieres descansar verdaderamente o ir a la playa y volver peor?
Tú eliges...
¿Te acuerdas de Popeye? Era el marinero enamorado de Olivia. Por supuesto, en la historia no podía faltar el chico malo, Brutus. Este era grande, musculoso y malo, siempre tratando de robarle la chica. Popeye, siendo más pequeño y más débil, era bastante indefenso hasta que comía espinacas. La espinaca le daría fuerza, le crecerían enormes músculos, derrotaría a sus enemigos y rescataría su chica.
¿No sería ideal que hubiera algo que pudiéramos comer para obtener la fuerza que necesitamos para cumplir con todas nuestras tareas? Ideal, pero no real. Sin embargo, nosotras tenemos una fuente aún más grande de fuerzas, y no requiere de espinacas.
La fuerza que necesitas
Todos necesitamos fuerza. Físicamente la necesitamos para vivir. Necesitamos músculos para caminar, para levantar niños, y mucho más para hacer toda tarea física. Además necesitamos fuerza mental para lidiar con nuestros problemas, para tener conversaciones coherentes, y para ser capaces de ayudar a otros en medio de sus problemas. Y necesitamos fuerza espiritual porque la duda constantemente llega a nuestros corazones, y Satanás continuamente ataca a los hijos de Dios.
La fuerza que te falta
Todas y cada una de nosotras nos cansamos, desanimamos y desgastamos de vez en cuando. A veces sucede más rápido de lo que pensamos; otras veces, esta debilidad puede durar más de lo previsto. La razón por la que experimentamos debilidad es que somos limitadas. Somos limitadas en lo que podemos manejar física, mental e incluso espiritualmente. No solamente nos encontramos débiles nosotras mismas, también lo están todos a nuestro alrededor. Necesitamos una fuerza superior a la de los hombres.
La fuerza que recibes
Me encanta cuando los pequeños tratan de ayudar a sus padres a cargar objetos pesados. Tensan sus músculos pensando que están soportando el peso, sin darse cuenta de que sus padres están realmente llevando la carga. Los niños participan, hasta luchan y trabajan con todas sus fuerzas, pero reciben abundante ayuda.
Nuestro versículo de hoy nos dice que si esperamos en el Señor, tendremos nuevas fuerzas, pero ¿cómo funciona esto?
Tener nuevas fuerzas requiere que aprendamos a esperar en Dios por aquellas cosas que necesitamos. Esta es una espera activa, donde continuamos haciendo las cosas que somos llamadas a hacer. Donde continuamos poniendo un pie delante del otro, pero a la vez esperamos expectantes el actuar de Dios sanando, redimiendo, dando sabiduría, y proveyendo. Esta espera activa se hace por fe.
Entonces nuestras fuerzas serán renovadas. Esto no significa que Dios nos dará todo lo que pensamos que necesitamos, significa que nos dará toda la gracia que necesitamos para perseverar con esperanza.
¡Conoce al Dios que dices amar! Y aprende a descansar en ese conocimiento esperando expectante lo que Dios hará en tu vida y a través de ella. Entonces podrás elevarte por sobre tus tormentas a un lugar de calma, porque el Señor que trabaja en ti te lleva al lugar de paz y gozo.
Mirando a Jesús.
"Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.”
Mateo 28:20
Esta semana Dios nos ha estado hablando de una manera hermosa, proporcionándonos seguridad. Seguridad para el presente, para el día a día, enseñándonos que Sus ojos están puestos sobre nosotras, vigilando cada paso en nuestro camino, exhortándonos a esforzarnos, a ser valientes, a no temer ni desmayar ante las presiones.
La mayoría de los versículos en los que meditamos estos días, o su contexto inmediato, demanda de nosotras una acción. Dios nos pide que no nos apartemos de Su ley, que confiemos y que tengamos fe, que nos acerquemos a Él, en quien hallaremos refugio y segura protección.
Hoy leemos, en el capítulo veintiocho de Mateo, un versículo que está dentro de la tan conocida Gran Comisión, las últimas palabras de Jesús antes de ascender al cielo. Sus últimas instrucciones fueron que prediquemos el evangelio, que hagamos discípulos y los bauticemos, culminando en el versículo veinte con el encargo de enseñarles a guardar todas las cosas que Él ordenó. Pero para poder enseñar a otros, y así cumplir con lo que Jesús nos pidió, tenemos que estar preparadas, debemos haber aprendido nosotras en primer lugar: no podemos enseñar lo que todavía no hemos incorporado primero, ¿no?
Nuestro amado Padre quiere que aprendamos a confiar en Él de tal forma que seamos un vivo testimonio de lo que hace Su fidelidad, para así poder también enseñar a otros a confiar en Dios.
Imagina por un instante conmigo, recrea en tu mente la escena: Jesús en Su cuerpo celestial, todos expectantes al obrar de Jesús: ¿qué iría a decir? ¿tendría otra parábola para enseñar? ¿haría otro milagro? Y lo que Jesús tiene para dar es esta última y gran comisión. ¡Qué peso! ¡Qué responsabilidad! Pero no fue solo el encargue, lo acompaña de una confortante frase: “yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”.
Amiga, nuestro Dios quiere que estemos tan cerca de Él que nada pueda atemorizarnos, que aunque andemos en valle de sombra de muerte, no temamos mal alguno, porque Su vara y Su callado nos infundirán aliento (Salmo 23: 4). Él quiere hacernos experimentar lo sobrenatural que es vivir cerca de Él, sostenidas por Su mano.
“El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré.”
Salmos 91:1,2
“Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro; escudo y adarga es su verdad. No temerás el terror nocturno, ni saeta que vuele de día”
Salmos 91:4,5
Experimenta a Dios, deposita tu confianza en Él, búscale y lee Su Palabra, ¡está llena de promesas para ti!
No temas, que nada en este mundo te paralice, porque tu Dios es más grande y es Él quien te cuida. No dejes que el enemigo te infunda temor, no dejes que la ansiedad te consuma, esfuérzate y sé valiente, porque Dios promete ser tu protección, hacerte fuerte en Él y estar contigo todos los días hasta el fin.
Ponte a cuentas con Dios, y comienza a confiar.
“echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.”
1 Pedro 5:7