Dios inmanente

  


“YO SOY EL QUE SOY…Este es mi nombre para siempre,

y con él se hará memoria de Mí de generación en generación”.

Éxodo 3:14-15 NBLA

 

El libro de Éxodo nos narra la salida del pueblo de Israel de la cautividad de Egipto rumbo al desierto, con el objetivo de tomar posesión y asentarse en la tierra que Dios prometió a sus antepasados.

 

Lo particular de este peregrinaje por el desierto es que no es planificado, ni llevado a cabo por un grupo de líderes preocupados por la situación de esclavitud y que desean algo mejor para sus familias.

 

El protagonista de esta liberación pareciera ser Moisés, el niño hebreo rescatado por la hija de Faraón de la sentencia de muerte y criado en el palacio egipcio, quien tempranamente muestra una clara identificación con su pueblo de origen e intenta hacer justicia por su propia cuenta (Éxodo. 2:11-12). Pero ni siquiera la buena intención de Moisés que terminó en fracaso, fue pie para una liberación en masa.

 

Entonces, ¿cómo salieron los Israelitas de la esclavitud de Egipto?

 

Éxodo nos muestra a Dios como el autor y ejecutor de la liberación de Israel. A partir del capítulo 3, Dios entra en la escena humana llamando a Moisés a través de un acto sobrenatural, una zarza que arde, pero el fuego no la consume. Allí Dios revela el Quién, el cómo, el qué y el para qué de una planificación hecha en la eternidad.

 

Mucho antes de que Israel se convirtiera en nación, ya Dios le había anticipado a Abraham sobre la esclavitud y liberación de sus descendientes (Génesis 15:13-14). Por eso, no es extraño que Dios revelara Su identidad a Moisés como “Yo Soy el que Soy” (Éx. 3:14), dándole a entender que Él es eterno y existe en Sí mismo. Siendo conocedor de todas las cosas, preparó de antemano la vida del mismo Moisés como embajador de Israel delante del Faraón.

 

A pesar de las cinco objeciones que Moisés realiza procurando evadir el llamado divino, estas no representaron un problema para Dios, al contrario, fueron oportunidades para desplegar Sus promesas -Éxodo 3:12-, Su Nombre -Éxodo 3:14-15-, Su poder -Éxodo 4:2-9-, Su soberanía -Éxodo 4:11-12-, y aún Su paciencia y misericordia por encima de Su enojo -Éxodo 4:14-16-

 

Frases como: “he visto la aflicción, he escuchado su clamor, he visto la opresión, los sacaré de la aflicción, Yo extenderé mi mano y heriré, haré, Yo estaré, Yo te enseñaré” que encontramos a lo lago de la conversación entre Dios y Moisés nos muestra todo lo opuesto a lo que piensa el mundo deísta acerca de la indiferencia de Dios por Su creación.

 

Dios es inmanente, esto quiere decir que Dios está presente e interviene dentro de Su creación, Dios se involucra y actúa en la historia humana. No sólo eso, va más allá; Dios es personal, busca relacionarse con el ser humano. Es por esta misma razón que más adelante en el mismo libro de Éxodo nos encontraremos con la ley de Dios dada por Moisés al pueblo y la construcción del tabernáculo entre el pueblo. ¿Qué busca Dios? relacionarse con quienes liberó.

 

Él sigue siendo el Yo Soy, eterno e inmanente, busca el mismo propósito de antaño, en el día de hoy, con nosotros. (Hebreos 3:1-6).

 

Él ve nuestra esclavitud y la aflicción que nos produce, pero no levanta otro Moisés, sino que viene Él mismo en nuestro rescate. Jesucristo, el mismo hijo de Dios repite Sus palabras en diferentes escenarios y para todas las edades humanas.

 

Yo soy el buen pastor; el buen pastor da Su vida por las ovejas”. 

Juan. 10:11


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