Absolutamente todo


 Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús,

dando gracias a Dios Padre por medio de Él.

Colosenses 3:17

 

En el transcurso de la vida desempeñamos muchas funciones y algunos roles, dentro de nuestras labores y ocupaciones. Nuestros hábitos, decisiones y acciones definen muchas veces lo que somos y nuestras proyecciones generalmente se basan, sobre todo en esta era digital, en nuestras actividades, habilidades o profesiones.

 

Es fácil llegar a creer que todo depende de nosotros, el mundo de hoy nos dicta que somos los diseñadores de nuestro destino, los escritores de nuestra historia; la línea puede llegar a ser muy delgada, pretendiendo que nuestras capacidades determinan las metas cumplidas y los logros, haciéndonos olvidar que ellos no obedecen a nosotros, sino al Padre de las luces que no cambia, de quien desciende toda buena dádiva, todo beneficio y todo don perfecto.

 

Es ese Padre amoroso, quien consideró nuestra situación de condenación y proveyó para nuestra salvación una única solución, darnos a Su hijo para pagar el precio que hoy nos reviste de perdón, de paz, de esperanza, de consuelo, de fuerza y de redención. Fue ese Padre, quien no escatimó ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros y, junto con Él nos dio y nos da día a día, TODAS las cosas.

 

Cristo pagó ese precio, Él fue y sigue siendo suficiente, conocer y reconocer que somos personas nuevas en Él es un hecho que debe dar propósito y valor a nuestras vidas. Gracias a Su vida, Su muerte y Su resurrección hoy gozamos la gracia de vivir llenos de gozo, de esperanza, de paz y de amor. En el regalo de la salvación encontramos el sentido y la dirección que nos lleva a vivir completos, llenos de libertad en Su perdón.

 

Cuando tenemos claro el concepto de que Dios lo dio absolutamente todo por amor a nosotros, no podemos menos que responder dando nosotros también, desde nuestra torpe y frágil humanidad, todo lo que podamos llegar a ser y a hacer en este mundo.

 

Y es en ese maravilloso entendimiento, que podemos definir nuestras acciones, encaminándolas a Su voluntad, recordando que cada palabra nuestra debe llevar el toque de Su gracia, que nuestros gestos deben vestirse de Su amor y Su tierna compasión. Pensar que podemos ser transmisores de aquellas cualidades Suyas, que Él nos llama a imitar, es tanto un regalo como un compromiso que debe impulsarnos a ser canales de bondad, de paz, de mansedumbre y de humildad.

 

Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras,

y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

Mateo 5:16

 

“Aquella luz verdadera” que vino a este mundo, sigue resplandeciendo hoy. Él mismo es el Creador de la luz y es Su luz la que ha cubierto la historia de la humanidad, pero también cubre hoy cada detalle de nuestra historia. Es maravilloso pensar, que gracias a Su gracia podemos hacer brillar Su luz para darlo a conocer y glorificarlo a través de nuestro ser integral.

 

Es por eso que en cada soplo de nuestro respirar y en cada paso que debemos andar, con corazones llenos de gratitud y alabanza, no debemos olvidar que…

 

TODO lo que hagamos, hagámoslo de corazón, como para El Señor…

Colosenses 3:23




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