Sabiduría en la tormenta

 


Echa sobre el Señor tu carga, y Él te sostendrá;

no dejará para siempre caído al justo.

Salmo 55:22

 

Según conclusiones de algunos estudios, el cerebro humano ha evolucionado de forma que tiene como prioridad la supervivencia, antes que la complacencia o la felicidad. Al vivir alerta ante la amenaza y la prevención del peligro, genera con mayor facilidad pensamientos negativos por miedo y estrés, que actitudes relacionadas con la alegría.

 

Hoy, ante la velocidad del mundo y el ritmo de vida que tenemos, funcionamos en muchas ocasiones en modo automático, sin tomar total consciencia de lo que pensamos. Nuestros cerebros se sobreestimulan y nuestros pensamientos aparecen casi instintivamente, algunos de ellos en muchas ocasiones en contra de nuestra propia voluntad. Cuántas veces nos sucede que en la medida en la que queremos despojarnos de un pensamiento negativo, más lo repetimos.

 

Nuestros pensamientos determinan en gran parte cómo nos sentimos y la manera como actuamos. Sin embargo, no somos conscientes de cuánto definen y condicionan nuestra vida. Los pensamientos negativos pueden producir malestar emocional y, a partir de ellos pueden desencadenarse dificultades de la salud mental, como la ansiedad y la depresión, por ejemplo.

 

En condiciones así, nuestra mente se llena de dudas y de preocupación hasta llegar a agobiarnos, pero la Palabra del Señor nos recuerda que en esa batalla que libramos en el alma, Su consuelo llega para estabilizarnos y para renovarnos con fuerzas y gozo que provienen de Su gracia y de Su amor. 

 

En la multitud de mis pensamientos dentro de mí,

Tus consolaciones alegraban mi alma.

Salmo 94:19

 

La presencia del Señor permanece sin importar nuestras circunstancias, cuando dudamos y nos inquietamos en la dificultad, Su fidelidad se manifiesta y Su paz nos abraza, más allá de ella. En el torbellino de nuestros pensamientos cargados de ansiedad, podemos ir a Él para hallar calma en medio de la tormenta de la adversidad.

 

La acción más sabia y prudente que podemos llevar a cabo cuando nuestro corazón desmaya, es acercarnos al trono de Su gracia, donde alcanzamos misericordia y hallamos gracia para el oportuno socorro (Hebreos 4:16).

 

Concentrar en medio de la angustia, nuestros pensamientos en Sus promesas que son respaldo, consuelo y sostén, nos da la posibilidad de librar las batallas emocionales de la vida. Solamente Su gracia y Su fortaleza son nuestra calma y nuestra seguridad.

 

Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera;

porque en ti ha confiado.

Isaías 26:3

 

En los tiempos de angustia, necesitamos descargar nuestra alma delante de Él, depositar en Su voluntad nuestra confianza y mantener firme nuestra mente en Su Palabra que es un refugio fiel y seguro en medio de cualquier tormenta.

 

Busqué al Señor, y Él me respondió,

Y me libró de todos mis temores.

Salmo 34:4

 

La respuesta de Dios nos libera, nos descarga, nos despoja de todo peso de ansiedad y temor y nos da paz. Nos corresponde confiar, en el recuerdo de Aquel que llevó nuestra mayor carga, el peso de nuestro pecado, a la cruz, para darnos salvación y sanidad.

 

El castigo, por nuestra paz, cayó sobre Él,

Y por Sus heridas hemos sido sanados.

Isaías 53:5b

 

Nos queda claro que lograr una completa victoria emocional no podrá ser en nuestras propias fuerzas o en nuestra capacidad, pues en nuestra fragilidad humana no contamos con el poder que nos permita un verdadero reposo y una seguridad en medio de la prueba y la dificultad. Se trata de ser sabios, convirtiendo la ansiedad y la preocupación en confianza y en oración, las cuales descansan confiadas en el Dios de nuestra salvación. 

 

Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios

en toda oración y ruego, con acción de gracias.

Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento,

guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Filipenses 4:6-7




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