Vigila atentamente tu interior, porque de Él mana la
vida.
Proverbios 4:23
Hay muchos libros que hablan sobre la administración
del tiempo. Muchos videos que nos pueden dar luz para ordenar nuestros hábitos
y, si los ponemos en práctica, seguramente tendremos beneficios. Quizá hemos
puesto en marcha algunas opciones que nos hacen parecer más sabios al
administrar nuestro tiempo y al tomar decisiones. Pues el tiempo y las
decisiones van de la mano. Pero, aun cuando son cosas buenas, la intención de
nuestro corazón, ¿dónde está?
Debemos estar atentos y ser honestos a lo que
verdaderamente quiere el corazón, porque, ¿te imaginas pedir vida a Dios para
seguir disfrutando de Su Ley? Eso suena loco, ¿no? Quizá suena más coherente
mejorar nuestras acciones diarias y pedir largura de días para ver crecer a los
hijos, a los nietos, para lograr terminar una carrera profesional, para viajar
por el mundo y muchas cosas más que se te puedan ocurrir. Y eso está bien, no
son malos deseos.
Dios anhela darnos esas bondades que quizá nosotros
ahora tenemos por preocupación y, quizá a diario nos esforzamos buscando
cambiar hábitos para lograrlo. Sin
embargo, el rey David, el hombre conforme al corazón de Dios, lleva este deseo
a un nivel de una sola prioridad: DIOS.
Venga a mi Tu compasión para que viva porque Tu ley
es mi deleite.
Salmos 119:77
Uno de los versículos más recitados por la Iglesia
actual es Mateo 6:33, pero David ni siquiera supo que se iba a escribir tal
cual. Pero él llevó su comunión con Dios a ser más que un tip, a más que
ciertos pasos a seguir, pues conoció la Vida y de esa manera llegó a la
conclusión de disfrutar Su presencia.
Pero busquen primero Su reino y Su justicia, y todas
estas cosas les serán añadidas.
Mateo 6:33
Seguramente hemos escuchado también que la sabiduría
nos la da el tiempo, los años o las experiencias. Y claro que sí podemos
aprender de ellas, pero la sabiduría que
habla la Palabra de Dios, que conviene al ser humano, es la sabiduría que
proviene sólo de Él y la encontramos al conocerlo a Él, conocer Sus atributos,
conocer Su obra; reconocer que nosotros no nos hicimos a nosotros mismos, sino
que fue Él. Y así, de esta manera, vivir día a día queriendo agradar solo al
que entregó Su vida para darnos vida.
Debemos aprovechar bien el tiempo, porque los días
son malos y la recomendación es, andar en esa sabiduría (Efesios 5:15,16),
pero, ¿cómo ser sabios? La invitación es a ser enseñables. Y este clamor debe
ser dirigido hacia Aquel que conoce nuestros días (Salmos 90:12).
También hay que ser diligentes al buscar al Señor con
todo nuestro corazón y reconocer que todo lo que hacemos repercute en la
relación con Él. No debemos ser seres divididos, separando la vida “secular” de
la espiritual, sino llegar en nuestra vida a una conclusión como David, que
nuestra vida es Él. Y de esa manera, cada cosa que hagamos, debe ser dirigida
por Él, no por nuestro conocimiento o nuestra experiencia. Todo se trata de Él.
Encomienda tus obras al Señor, y tus propósitos de
afianzarán.
Proverbios 16:3
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