Obediencia que reconcilia

 


                   Noé, hombre justo, era perfecto entre sus contemporáneos; caminó Noé con Dios. 

Génesis 6:9b

 

¿Alguna vez has sentido profunda tristeza por alguien que te decepcionó? Quizá nos hemos enfrentado a esos retos y la tristeza inundó nuestro corazón. Mas no imagino el dolor angustiante de Dios, quien desde el principio de la Creación deja ver Su corazón al crear a la humanidad a Su imagen y semejanza. Eso hace más especial la relación que el Creador tenía con el hombre.

 

La indignación y dolor profundo de Dios fue al ver que no sólo hicieron el mal en los tiempos de Noé, sino que los pensamientos, propósitos o proyectos que tenían las personas en ese momento de la historia, todos, absolutamente todos, eran continuamente inclinados solamente hacia el mal.

 

Pensando en nuestras relaciones fallidas, quizá hemos perdonado una o dos veces, pero si nos diéramos cuenta de que alguien deliberadamente decide lastimarnos, no creo que podríamos resistirlo. Mas Dios sí conoce las intenciones de nuestro corazón, incluso nuestras palabras antes de hablar. Él nos hizo, no nosotros a nosotros mismos; nos dio Su aliento, entonces ¿te imaginas el dolor de Su corazón?

 

Su anhelo siempre ha sido mostrarnos Su Paternidad; una relación especial con Su creación, sin embargo, Él es Santo, Santo, Santo y, en Su naturaleza no puede habitar en medio de la maldad. Pero nosotros elegimos alejarnos de esa relación. ¿Te imaginas querer reconciliarte con alguien, ver que su vida se está desperdiciando, querer ayudarlo y aun así, ese alguien decide la muerte y evitar toda relación contigo? Vuelvo a mencionar ¿te imaginas el dolor de Dios?

 

“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”

Romanos 3:23

 

El lugar que todos merecemos por continuar en la maldad y elegir no ir hacia Dios es la muerte. Sin embargo, Dios envió a Su Hijo Unigénito (Juan 3:16), se hizo hombre, despojándose a Sí mismo (Filipenses 2:7), decidió morir tomando nuestro lugar para que volviéramos a tener acceso confiadamente al Padre. A pesar de no merecerlo, decide buscar esa reconciliación con nosotros (2 Corintios 5:18). Solo tenemos que elegir Su vida.

 

En los días de Noé, sólo él halló gracia ante los ojos de Dios. Y aún cuando Dios tuvo profundo dolor por la elección de la humanidad sobre la maldad, no nos destruyó, sino que guardó la humanidad a través de la obediencia de ese hombre, que pese a la locura que parecía hacer un arca, hizo todo conforme a lo que Dios le mandó.

 

Dios sigue extendiendo esa misma gracia y misericordia. Dios es amor. Aún cuando la  maldad sigue en aumento continuamente, Él sigue con ese profundo dolor pero anhela esa reconciliación que sólo es posible a través de Jesús, quien es nuestra arca. Y el llamado para todos aquellos que hemos decidido seguirle es: Obediencia, así como Noé.

 

En medio de una generación perversa que ha decidido lo malo, es una locura subirse al arca. Elijamos caminar con Dios aun cuando eso nos cueste burlas, anunciemos que en Cristo hay salvación. Tenemos el ministerio de la reconciliación (2 Corintios 5:18), anunciemos el Evangelio, la Buena Noticia en medio de la muerte, el Arca que trae Vida.

 

Noé hizo como le había mandado Dios, “Y Jehová cerró la puerta” (Génesis 7:16). Él pronto vendrá por segunda vez. Cerrará la puerta. Pero aún hay salvación y podemos entrar al gozo del Señor:

 

Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.

Juan 10:9





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