“Pero aun si sufren por causa de la justicia, dichosos son. Y no tengan miedo por temor a ellos ni se turben.” (1 Pedro 3:14 NBLA)
Una de
las cosas más complicadas para nosotros los seres humanos, quizá puede ser el
querer entender ¿por qué a las personas buenas les pasan cosas malas? y además
de esto, ¿por qué a las personas que consideramos “malas” les va bien o mejor
que a las personas que a nuestro parecer son “buenas”?
Desde
nuestro limitado punto de vista crecemos juzgando el mundo conforme a nuestra
percepción, y se nos olvida muchas veces que la justicia del ser humano no es
semejante a la Justicia de Dios. La Justicia de Dios es perfecta y una de las
razones por las cuales lo es, es el hecho de que Dios, a diferencia de
nosotros, conoce todo y a todos, Él ve las intenciones del corazón e incluso
los planes del enemigo.
¿Cómo
podríamos nosotros juzgar algo sin conocer y saber lo que Él sí sabe?
Nuestra
lógica humana e incluso muchas frases famosas nos dan la idea de que “si somos
buenos, por consecuencia pasarán cosas buenas” o que “somos lo que atraemos”,
pero la Biblia nos muestra lo contrario, desde Génesis podemos comprobar que
somos hijos de Dios y cuando hay un propósito glorioso el enemigo envía
dificultades para que no alcancemos el propósito (a mayor propósito, mayor
oposición).
No
atraemos lo que somos, pero el enemigo sí quiere que esa sea nuestra manera de
pensar y de juzgar, porque eso nos hace dudar de Dios, de Sus planes y de Su
soberanía como Juez.
La
Biblia está repleta de historias, testimonios de hombres y mujeres con
propósitos y llamados extraordinarios, y ninguno tuvo un proceso “fácil”
incluyendo a Jesús, que fue y es perfecto.
Cada
libro de la Biblia nos muestra a hijos e hijas comprometidos con Dios, y esa
confianza en Él los lleva a soportar adversidades y a alcanzar victorias para
el Padre. José es uno de los patriarcas del Génesis, uno de los ejemplos más
conocidos por lo que tuvo que afrontar antes de alcanzar su llamado.
A José
desde muy pequeño le fue revelado su propósito, pero antes de que este fuera
cumplido Él pasó dificultades como traición, esclavitud, acusaciones injustas,
acoso sexual, cárcel, olvido, abandono y numerosos eventos de injusticia. A
pesar de estas cosas José no reclamó a Dios, sino que permaneció siendo fiel y
eso lo llevó a ser el gobernador de Egipto, a tener un alto rango y de
autoridad, sin mencionar que cada proceso formó su carácter y su confianza en
Dios.
José
habiendo recibido la recompensa tenía en claro lo siguiente:
“Vosotros pensasteis hacerme mal, pero Dios lo encaminó a bien, para
hacer lo que vemos hoy, mantener con vida a mucho pueblo” Génesis 50:20
Esas
son palabras del mismo José, un hijo fiel que sabía que las circunstancias no
definían quién era o cuánto Dios lo quería.
Una
promesa que como hijas de Dios tenemos, es que todas las cosas ayudan a bien
conforme al propósito de Él (Romanos 8:28). Lo que pasa en tu vida, tu
pasado y las adversidades no te definen, solo indican que tienes un propósito
grande que el enemigo desea impedir.
Si hoy
El Padre te tiene con vida es porque en ti hay propósito, no permitas que el
enemigo te haga pensar lo contrario, no permitas que el enemigo tenga más
visión que tú. Aférrate a la Palabra y encuentra consuelo en lo que han
sobrellevado los hijos de Dios.
“No les ha sobrevenido ninguna tentación
que no sea común a los hombres. Fiel es Dios, que no permitirá que ustedes sean
tentados más allá de lo que pueden soportar, sino que con la tentación
proveerá también la vía de escape, a fin de que puedan resistirla.” (1
Corintios 10:13 NBLA)


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