“Encomienda
al SEÑOR tu camino, Confía en Él, que Él actuará.”
Salmos
37:5 NBLA
Uno de
los testimonios que más me gustan del antiguo testamento es el de Moisés. En su
vida y llamado puedo ver mucho del carácter de Dios para con Sus hijos, y la
forma tan perfecta en la que Él obra y nos utiliza para grandes cosas.
Moisés
en específico fue un hombre que después de huir de Egipto, cuando Dios lo llama
y se encuentra con él a través de la zarza, se siente incapaz. (Éxodo 3)
Moisés no duda del poder de Dios o de su poder para liberar al pueblo, en ese
momento él duda de él mismo, se siente insuficiente y ocurren cuatro momentos
en los que lo demuestra: primero le dice “¿Quién soy yo para ir a Faraón, y
sacar a los israelitas de Egipto?” (Ex.3:10). Segundo, le dice “¿Y si no
me creen, ni escuchan mi voz?” (Ex.4:1). Tercero “Por favor, Señor,
nunca he sido hombre elocuente” que en otras versiones, en este mismo pasaje
Moisés le dice a Dios que es tartamudo y torpe para hablar (Ex. 4:10). Y
cuarto, “Ay, ¡Señor!, envía, te ruego, a cualquier otra persona” (Ex.4:13)
Cito
estos pasajes porque me gusta resaltar que Moisés estaba dudando de sí mismo y
realmente no deseaba atender al llamado de Dios, una de las características que
hacían dudar de Moisés era ser tartamudo. Pero a pesar de que para Moisés fue
difícil, acató a ese llamado y fue obediente a Dios haciendo todo lo que Él
ordenó.
Moisés
al final no solo liberó el pueblo de Israel, sino que defendió el nombre de
Dios y confrontó con autoridad a Faraón, lideró al pueblo y por muchos años fue
el líder del pueblo. Dios tenía una relación especial con Moisés y descendía
para hablarle, contarle Sus planes, darle las tablas de los mandamientos y más.
El pueblo de Israel no se atrevía a acercarse a Dios, pero Moisés sí, y todo lo
que Dios le hablaba a Moisés, él lo impartía al pueblo para gobernarlos
conforme a Su voluntad.
“Cuando Moisés descendía del monte Sinaí
con las dos tablas del testimonio en su mano,
al descender del monte, Moisés no
sabía que la piel de su rostro resplandecía
por haber hablado con Dios.”
(Éxodo 34:29 NBLA)
Moisés fue transformado, él alcanzó el
propósito de Dios y vio SU GLORIA, experimentó el poder de Dios en sus
debilidades, dudas y más, estoy segura de que logró más de lo que imaginó. Y
esto fue gracias a su obediencia, aunque él no creía en sí mismo, creyó en Dios
y escogió obedecer, y no solo eso, sino que esa comunión se manifestaba, los
demás podían ver su rostro resplandeciente por causa de su intimidad con El
Señor.
Dios habla fuertemente mediante Moisés,
porque nos demuestra que a pesar de la duda en nuestras debilidades, cuando
obedecemos y confiamos en SUS PLANES, Dios usa las debilidades y el temor y se
hace perfecto (2 Corintios 12:9).
No es casualidad si Dios te llama a hacer
algo en lo que tú consideras que no eres bueno, o algo que te saque de tu
comodidad, el propósito de Dios es transformarte y que a través de la fe y la
obediencia alcancemos el propósito, que seamos cada día más iguales a Él y
sobre todo que nosotros mismos podamos vernos como Él nos ve, conforme a ese
llamado y propósito glorioso que ha sido preparado con tanto amor. Cuando
respondemos a Su llamado emprendemos el camino de una serie de milagros en los
que Él transforma nuestra vida y nos usa para glorificar Su nombre.


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